SILENCIO DE HAMBRE
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La alternación distorsionada del cuerpo es
frecuente en jóvenes anoréxicas.
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“Esperaba impaciente que el reloj diera las
cinco de la tarde, a esa hora se concedía el derecho de beber por fin un poco
de Coca-Cola light que degustaba en una suerte de ritual eufórico, usando una
diminuta cuchara, la más pequeña que pudo encontrar en el mercado”.
Un poco de líquido, algo
de chocolate y, ocasionalmente, un par de pastelillos de fresa constituían la
dieta diaria de Jesica Carrillo. Jesica tiene
18 años, mide 1.68 y pesa tan solo 44 kilos. Su tez es pálida, su contextura
bastante delgada, su estado físico y su apariencia desgastada le hacen ver
mucho mayor.
Aunque, no es
sorprendente en una joven atrapada en una enfermedad que responde a la voluntad
de restringir la propia alimentación para perder peso, aunque ya esté delgada.
Ella sufre de lo que hoy se conoce como anorexia nerviosa.
Pero Jesica no decidió ser anoréxica por arte de magia, hubo un conjunto
de causas que la llevaron a tomar esta decisión. Entre las cuales están: el
fracaso escolar, la baja autoestima y por sobre todo la influencia de los
medios actuales, los estereotipos que se presentan.
Para los padres de Jesica, estos trastornos nunca fueron tomados en
cuenta, ellos solo se dedicaban a trabajar, priorizando así más la parte
económica que la afectiva. Esos momentos
de soledad, de falta de comunicación que no encontraba en casa, la llevo a
involucrarse en la búsqueda de lo que ella creía, la perfección física.
Tuvieron que pasar
momentos de desgracia para que recién los padres reaccionen y se den cuenta que
Jesica, padecía de una
terrible enfermedad que la consumía día a día. El punto clave del tratamiento
que recibe Jesica Carrillo para combatir con la anorexia nerviosa es que esta
venciendo sus propios miedos, sintiéndose querida y protegida por su familia.
Informe sobre la anorexia emitido en el programa
dominical de pelicula del canal ATV (Perú)

